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Escribir para el oído

5 de diciembre de 2015. Beca GGM 2015

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El periodista norteamericano Scott Wallace se incorporó a la Beca Gabriel García Márquez de periodismo cultural en la víspera del viaje a Mompox. Nada más registrarse en el hotel siguió el retumbar de tambores en el local de al lado. Al segundo ron descubrió al grupo de becarios y allí, sin programarlo, empezó la tertulia sobre periodismo.

Wallace decidió ser periodista porque estaba inconforme con lo que le contaban los medios sobre lo que pasaba en el mundo. En su primera misión a El Salvador en 1983 empezó su fascinación por los viajes y, desde entonces, trabajar es sinónimo de viajar. Y viajar es sinónimo de contar historias. “No escribo sólo de viajes, pero siempre viajo para trabajar”.

 

¿Qué recomendación final tiene para los periodistas de la Beca GGM?

SW: Yo creo que hacer periodismo es una cuestión de confianza en uno mismo y en las habilidades que uno tiene de ser observador, participante, testigo, intérprete de los hechos para los lectores. Reconocer que tienes un papel importante que jugar. Tú estás en el campo de los hechos, entonces no sólo tienes la capacidad, también tienes la responsabilidad de preguntar, explicar, describir y proveer respuestas a las preguntas para el público. No hay que perder tiempo con el miedo de que no lo puedes hacer. Es cuestión de reconocer que tienes una oportunidad única si llegas a un lugar para hacer un reportaje y de trabajar. Noté algo de ese temor entre los becarios y les he dicho “supera el miedo, confía en ti y trabaja”… simplemente.

 

Una de las constantes durante el desarrollo del taller fue hasta dónde es legítimo que se implique la voz del periodista en la historia… ¿Es posible ser objetivo?

SW: Nunca he creído en la objetividad. La objetividad es un mito. Sólo Dios puede ser objetivo. Uno siempre va a tener prejuicios culturales y personales en un trabajo, en la vida. Lo importante es ser justo y hacer un trabajo meticuloso y exhaustivo, que significa tomar en cuenta todos los puntos de vista. Eso no quiere decir que vas a dar igual peso a un argumento o a otro, pero es lo que te permite contar una historia completa. Y para ser honesto sobre cómo abordas un tema debes expresar tu opinión en la medida en que aporta al análisis. No es la opinión de cualquier persona de la calle, es la opinión o la reflexión de alguien que sabe de lo que habla, que se ha tomado el trabajo de informarse.

 

¿Cómo establece un diálogo productivo con las fuentes, cómo consigue qué le cuenten la historia?

SW: El periodista no es un propagandista, por eso tiene que poner todo en duda. El periodista busca la complejidad de las cosas. Nada es supremo o tan bueno que no haya espacios grises, más cuestionables. Es la vida… la vida no es todo blanco o todo negro. Si uno se encuentra pensando en la maravilla que es un lugar o una persona, para mí el periodista debe parar un segundo, tomar distancia y auto cuestionarse: ¿Estoy viendo las cosas cómo son o estoy siguiendo una idea preconcebida y romántica? Más que describir un paisaje o una situación, yo busco explicar cómo es, cómo se siente y ahí debe aparecer la tensión. Vivimos en un mundo en de conflictos y me interesa entender y reflejar eso en mi trabajo.

 

¿Cómo se asegura de que dicen la verdad?

SW: Tienes que estar muy alerta a todo lo que está ocurriendo y estar pensando a dónde quiero conducir a mi fuente. Cuáles son las cosas que necesito o voy a necesitar para contar la historia. Escuchar con mucha atención lo que dicen.  Hacer otra pregunta para clarificar… tu buscas la manera de tener una conversación verdadera con las personas que estás entrevistando, que se olvide de la cámara o de la grabadora, pero al mismo tiempo quieres que quede claro lo que están diciendo. Por eso no hay que presumir, hay que aclarar. Por ejemplo: “usted me contó que eso pasó en 1950, por qué me dice ahora algo diferente...”. Es lo que puede ocurrir en una conversación normal…

Es muy importante llegar a una entrevista con preparación. Saber lo que necesitas de esa persona, porque has estudiado y ya has entrevistado a otras. Entonces vas a aclarar un punto. Y cuando descubres que alguien te miente, es importante hacer las otras preguntas, sacar toda la información que necesitas antes de confrontarlo, antes de hacerle las preguntas más difíciles.

 

¿Cuáles son sus recomendaciones al momento de escribir?

SW: Todo se resume en economía de palabras. Uno busca la manera de contar las cosas con pocas palabras, pero precisas. Yo utilizo mucho el thesaurus para llegar a la palabra precisa que estoy buscando. Estamos hablando ya del arte de la escritura. Eso significa muchas veces limitar los adjetivos y utilizar verbos fuertes, huyendo del ser y estar, en la medida de lo posible. Creo que los mejores escritores trabajan con el lema: Menos es más. Y siempre trato de escribir como hablo, escribir para el oído.

 

¿Cómo se enfrenta al arranque de un texto?

SW: No hay formula. Yo me pongo a pensar con tranquilidad cuál fue la cosa que más me impresionó de algo. Cuál es la memoria más fuerte, lo que más me sorprendió y arranco por ahí, pero cada uno tiene su estilo. Creo que es mejor empezar un texto con una frase corta, porque no quieres confundir al lector. Es mejor ser directo. Una frase larga va a confundir. No quieres que el lector tenga que releer dos o tres veces para entender lo que estás diciendo. Hay que enganchar al lector y traerlo hacia ti, como si estuvieras pescando. Darle incentivos para que continúe la lectura. Cada frase, cada párrafo tiene que conducir al siguiente.

 

¿Prefiere la primera persona para contar sus historias?

SW: Desde que comencé a escribir más para revistas, en casi todos los artículos que hago aparezco como Yo. A veces el Yo, es sólo es para dar una orientación al lector sobre quién le está contando la historia sin entrar mucho en cosas personales. Yo estoy muy cómodo escribiendo en ese estilo, prefiero escribir así porque eso me permite ser más honesto durante el proceso del reportaje. Decir: Yo fui aquí, entrevisté a tal persona. Me gusta que quede claro para el lector que hay una persona normal, común y corriente que está contándole una historia.

 

Ahora está trabajando en un proyecto muy personal, la historia de su abuelo al que no conoció, la primera persona es inevitable en este tipo de relatos…

SW: En este proyecto entran muchas cosas personales y de una forma más desarrollada por que sí, es mi vida. Creo que narrarlo en primera persona le da fuerza a la narrativa, porque todo el mundo puede entender. Cada persona en el mundo tiene una madre, un padre, unos abuelos. El hecho de que nunca lo llegué a conocer y que sólo tengo pocos datos, algunos dolorosos, como que hizo sufrir mucho a mi madre porque la abandonó, podrían parecer muy emocionales pero lo cierto es que son datos que aportan para construir el personaje y el relato.

 

Este proyecto es claramente el relato de un viaje…

SW: Es un relato de viajes. Y como tengo pocos datos y se trata de una búsqueda, voy explicando al lector que tengo una buena razón para pensar que él estaba en tal lugar o que llegó a tal sitio, porque conseguí recuperar una carta que él escribió desde allí. Y voy sembrando detalles para que el lector pueda acompañar el viaje y sea parte de esos descubrimientos conmigo. En el relato que ya publiqué explico que atravesé 11 zonas horarias, tomé una serie de trenes, carros, me metí dentro de la montaña a través de caminos muy  peligrosos, para llegar a un lugar y estar por primera vez en mi vida en una habitación en la que estuvo él. El lector recorre ese camino conmigo, llega a conocer a las mismas personas que yo conocí en el viaje. Es viajar físicamente, interiormente y a través del tiempo… Hacemos una marcha hacia atrás y una vuelta al presente.

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