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García Márquez, periodista viajero

5 de diciembre de 2015. Beca GGM 2015 |  Carolina Ethel

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En el segundo día de la Beca Gabriel García Márquez de periodismo cultural, Ariel Castillo Mier, académico y estudioso del Caribe colombiano, relató la larga travesía de Gabo para encontrar el tono, las historias, los recursos y la palabra precisa para construir su propio universo, en el que consiguió envolver a los lectores del mundo.

El viaje inicial en la vida y en la obra de García Márquez fue el que hiciera su abuelo, el coronel Nicolás Márquez Iguarán. Tras un duelo forzado en el que sobrevivió el veterano de la Guerra de los Mil Días, la familia García Iguarán emprendió un éxodo que los llevó de su Guajira natal, al norte de Colombia, al pequeño pueblo ribereño que se convertiría en la cuna de Gabriel García Márquez: Aracataca.

“El viaje es apenas un movimiento de la imaginación”, sentenció José Lezama Lima, quien escasamente salió de La Habana en un par de ocasiones. En una vida más errante y peregrina por distintos parajes de Colombia en su niñez y adolescencia, Gabo también emprendió ‘el viaje a la semilla’ y removió su imaginación para hallar en esa infancia rural junto a sus abuelos, la raíz de todas sus historias. Y en el verbo firme, imperturbable y gráfico de la abuela, el tono que describe y abduce.

El periodismo exige observación, rigor y reflexión. Tres elementos que atraviesan la obra periodística y literaria del Nobel colombiano. Castillo Mier se detuvo en la preocupación de García Márquez por la verosimilitud de sus relatos. No basta con tener la certeza de que ocurrió o de que tenía cierta apariencia. El lector no quiere que alguien se lo diga, quiere verlo, sentirlo, deducirlo. Por eso es importante que el periodista se preocupe de introducir lo que Jorge Luis Borges llamó “datos circunstanciales”. Son precisiones o imágenes que quedan en la mente del lector. “No es lo mismo decir “lo mató de una cuchillada, que decir lo mató con un cuchillo oxidado y sin cacha”. Esto último es lo que permite que el objeto exista en la mente del lector. Los datos circunstanciales son capaces de transmitir hasta la sensación térmica de un escenario. “Las temperaturas se pueden contar poco a poco, soltando detalles para que el lector sienta el frío o el calor. El personaje puede pasarse un pañuelo por la frente, más adelante puede aparecer un ventilador. En unos pocos párrafos o páginas, el lector se ha trasladado al trópico”.

Aquí puedes leer los aprendizajes del primer día de la Beca GGM

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