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16 de octubre de 2019
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Relatoría de la Beca Gabriel García Márquez de periodismo cultural

0.   Itinerario de viaje

La tercera edición de la Beca Gabriel García Márquez de Periodismo Cultural, organizada por la FNPI y el Ministerio de Cultura de Colombia, transcurrió en un viaje colectivo entre Cartagena y Mompox.

Paralelamente, cada participante experimentó otro viaje más personal que incluía físicamente el punto de partida inicial en su ciudad de origen y un viaje interior y muy personal, en busca de la voz, el tono, la imagen, la atmósfera y el lenguaje  para contar una historia. Con esas herramientas, se empeñaron en construir una ‘embarcación’ que fuera lo suficientemente amplia y cómoda para llevar al lector en el recorrido, mientras lee.

Jonathan Levi y Héctor Feliciano propusieron un paréntesis en la rutina desenfrenada de la sala de redacción para reflexionar durante siete días sobre el oficio periodístico y renovar la pasión por contar historias. El planteamiento de las sesiones fue un ejercicio ‘mayéutico’ en el que talleristas y maestros cuestionaron las motivaciones de los autores y los protagonistas y, hasta los colores, olores y texturas de los objetos y escenarios de las historias.

El periodista norteamericano Scott Wallace animó a los periodistas a ser testigos meticulosos de los hechos. El escritor y editor brasilero Paulo Roberto Pires pidió detalles, “historias que transmitan un universo desconocido para el lector, que descubran cosas y animen reflexiones” y el investigador Ariel Castillo Mier reveló al Gabo viajero que consiguió hacer que Macondo existiera, valiéndose de su intensa vida errante, una enorme biblioteca a cuestas y la obsesión por la precisión en los detalles, que le dio el ejercicio periodístico.

Al final de la travesía, el requisito inicial  de 400 palabras, que leímos conjuntamente el primer día de la Beca en las paredes blancas de la casona de Surtigas en el barrio el Cabrero, derivó en un puñado de historias cargadas de reportería rigurosa y observación activa, pero también de la sensibilidad y, en muchos casos,  elementos de la vida personal del autor. La lluvia, la particular canícula novembrina del Caribe, cartageneros, momposinos y forasteros, quedaron retratados en los ‘calidoscopios’ de 15 jóvenes periodistas que viajaron desde cuatro continentes a descubrir la Colombia que inspiró Macondo.

1. Definiendo lo indefinible

El primer gran acuerdo antes de emprender el recorrido fue el de desmarcar el periodismo de viajes de la escritura de guías contemplativas, con recomendaciones y opiniones de los autores, tan de moda en la era de internet.

En el ‘periodismo turístico’ el autor enseña los destinos y sugiere lo que hay para hacer,  recomienda experiencias y sitios y describe los paisajes. En el periodismo de viajes, el viajero y el autor son una misma persona y el éxito radica en hacer que el lector sienta, descubra, sonría, tema… que viaje con él y que conozca otras realidades. Inclusive, si se trata de un viaje interior o metafórico.

Si el ensayo es un centauro, como dijo Alfonso Reyes y la crónica un ornitorrinco, según Juan Villoro, un relato de viajes es un calidoscopio, opina Héctor Feliciano. Se trata de un relato que admite la subjetividad del ensayo, el regodeo en la descripción de la crónica, la profundidad de la crítica de arte o de literatura, pero que exige, sin discusión, la investigación y el rigor, inherentes a un texto periodístico.

“No estamos interesados en las recomendaciones del periodista, lo que queremos es contar historias particulares que pueden explicar los escenarios y la problemática de sus habitantes. Buscamos que el lector pueda vivir el viaje través de la historia de una civilización, de su cultura, de la política, de las polémicas de determinada comunidad”, afirma Jonathan Levi “y para eso nos valemos de todos los recursos que podamos, incluso la poesía que nos aporta la economía del lenguaje y que hace que surjan imágenes y sensaciones”.

Para Héctor Feliciano, el acceso a la información en tiempo real y de forma masiva que ha venido con el internet y lo fácil que resulta viajar en estos tiempos, supone un reto mayor para el periodista de viajes. “No sólo importa a donde se llega sino cómo, el camino y las reflexiones del viajero también cuentan”.

Unos relatos de viaje pueden implicar serias complicaciones logísticas, visados y medios de transporte. Otros requieren imaginación y un pasado rico en anécdotas. Algunos de los más importantes exponentes de la literatura de viajes han elegido vivirse el mundo para contarlo, como Marco Polo; otros han sido forzados a marchar, como Dante, que fue condenado a un exilio tan penoso, que quizá describió metafóricamente en su famoso viaje al infierno. José Lezama Lima, por su parte, defendía el viaje de la imaginación o el ‘no viaje’ que se puede hacer de una estancia a otra sin moverse de casa. El investigador Ariel Castillo Mier, comparte una cita en la que el nobel español desarrolla su amplio concepto del viaje:

Es que hay viajes más espléndidos: los que un hombre puede intentar por los corredores de su casa, yéndose del dormitorio al baño, desfilando entre parques y librerías. ¿Para qué tomar en cuenta los medios de transporte? Pienso en los aviones, donde los viajeros caminan sólo de proa a popa: eso no es viajar. El viaje es apenas un movimiento de la imaginación. El viaje es reconocer, reconocerse, es la pérdida de la niñez y la admisión de la madurez. Goethe y Proust, esos hombres de inmensa inmensidad, no viajaron casi nunca. La imago era su navío. Yo también: casi nunca he salido de La Habana. Admito dos razones: a cada salida empeoraban mis bronquios; y además, en el centro de todo viaje ha flotado siempre el recuerdo de la muerte de mi padre. Gide ha dicho que toda travesía es un pregusto de la muerte, una anticipación del fin. Yo no viajo: por eso resucito.

 

2. Preparando el equipaje

El trabajo periodístico comienza con la identificación de los hechos, la búsqueda de los datos y los protagonistas.  La pre producción de una buena historia periodística trasciende las cinco ‘W’ básicas. Al repasar los proyectos de los 15 periodistas que participan en la Beca García Márquez de Periodismo Cultural, los maestros Héctor Feliciano y Jonathan Levi añadieron al menos 4 preguntas más para responder antes de emprender el viaje:

1.       ¿Por qué debe ser publicado?

2.       ¿Quién es el lector?

3.      ¿ Qué extensión y en qué formato se publicará?

4.       ¿Quién cuenta la historia? Se trata no sólo de escoger si se cuenta en primera o tercera persona sino a qué personajes, locaciones u objetos les queremos dar voz en el texto y… por qué. Se trata de una decisión que puede cambiar a medida que avance el trabajo sobre el terreno, pero resulta útil contestar la pregunta al comienzo para fijar un mapa inicial de ruta. 

 

3. El viaje

El trabajo de campo para la escritura de viajes se fundamenta en los detalles; un objeto que sirve para simbolizar el pasado o la personalidad; una evocación o un acontecimiento concreto en la vida de una de las fuentes; para denotar temporalidad, ubicación, temperatura, situación de un territorio o un objeto. El investigador Ariel Castillo Mier recuerda la obsesión de Gabriel García Márquez por los detalles, “por lo que Jorge Luis Borges ha llamado ‘los datos circunstanciales’, que aportan verosimilitud a un relato, a partir de una serie de precisiones, que generen una imagen en el lector. No sería lo mismo decir ‘lo mató de una cuchillada’, que decir ‘lo mató con un cuchillo oxidado y sin cacha’. Este par de datos va a llevar a creer a la gente que el cuchillo existía,  pero el cuchillo solo no se lo cree nadie”, explica Castillo Mier.

“Me sentí sobrepasada los primeros días, cuando no tenía tema para desarrollar y apenas conocía generalidades de Cartagena”, dice la puertorriqueña Vanesa Baerga. El reto de retratar y recrear una historia en una ciudad desconocida con apenas tiempo para encontrar un tema, generó inquietud entre los participantes. La inmersión tanto en Cartagena como en Mompox, su diálogo con fuentes espontáneas y expertos y la observación, fue consolidando las historias.

Los detalles pueden sugerir un título o un enfoque, pero sobre todo, le permiten al lector involucrarse en la historia. Para obtenerlos, el periodista debe contactar y contrastar la mayor cantidad de fuentes, conseguir acceso a los lugares clave de la historia y tomar atenta nota. Un dato histórico particular, el timbre de voz, una cicatriz, la forma en la que interactúa con los demás, el tipo de libros que colecciona, pueden aportar más a la descripción que una evocación del periodista.  Para Scott Wallace, “el periodista debe ser observador, participante, testigo e intérprete de los hechos para los lectores, debe tener la capacidad y la responsabilidad de preguntar, explicar, describir y proveer respuestas a las preguntas que se hace el público”. Paulo Roberto Pires es más sintético y define al periodista de viajes como “un curioso profesional, que lleva al lector a universos que desconoce”.

La duda es una constante en el trabajo de campo. Hay que poner en duda todo, todo el tiempo.  “La vida no es todo blanco o todo negro, dice Wallace, si uno se encuentra pensando en la maravilla que es un lugar o una persona, debe parar un segundo, tomar distancia y auto cuestionarse: ¿Estoy viendo las cosas cómo son o estoy siguiendo una idea preconcebida y romántica? . Más que describir un paisaje o una situación, yo busco explicar cómo es, cómo se siente y ahí debe aparecer la tensión. Vivimos en un mundo de conflictos y me interesa entender y reflejar eso en mi trabajo”. La duda también debe prevalecer con las fuentes y los escenarios. Para Wallace, es recomendable hacer una primera entrevista de aproximación que nos dé tiempo para contrastar la información y una segunda mínimo para aclarar detalles. Jonathan Levi insiste en la observación, “llegar siempre antes y, si es posible, en varias oportunidades, para comprender la dinámica de las cosas”. Un truco infalible es tomar notas en tiempo real o en cuanto sea posible, para dejar constancia de las impresiones y sensaciones, que pueden enriquecer el relato.

 

 

4. Revisitar escribiendo

“No te quedes con la primera idea o la primera versión, siempre hay algo que mejorar”, afirma Jonathan Levi. Casi un presagio de lo que iba a pasar con  las historias que finalmente se van a publicar.  La dinámica de la beca consistió en cuatro horas diarias de mesa de edición colectiva. Sobre la pared blanca, el texto se sometía a la curiosidad y reflexiones de los colegas y maestros, acerca de las motivaciones, el interés y el empleo de los recursos de la reportería y del lenguaje. “Leemos, investigamos, escribimos, leemos, investigamos, reescribimos…ayuda a vencer el ego. Al tener a todos los colegas criticando tu trabajo y a los maestros, te olvidas, no personalizas y aprovechas para mejorar”, dice sobre la Beca, la tallerista estadounidense Channing Sargent.

“Todos hemos estado en los mismos lugares, hemos visto las mismas cosas y mira cuantas historias tan distintas”, comenta la periodista Ania Kiedrzynek, sobre los textos que se escribieron durante la Beca. Cada autor encontró una perspectiva y un estilo para describir Cartagena y Mompox, aportando su experiencia personal, su instinto y pensando en sus lectores. La mirada de afuera, la extrañeza ante detalles, a veces ajenos, a veces similares a realidades de tantos países y regiones de Colombia, permitió abordar diversas caras de los destinos en su complejidad.

“Lo fresco, lo nuevo, debería estar en el arranque del texto”, dice Jonathan Levi. No es conveniente empezar con una descripción general de una situación o un territorio. Una imagen, un personaje o una situación particular, a partir de la cual se abra el objetivo a un plano más general, puede enganchar al lector más rápidamente. Se trata de buscar lo sorprendente o recrear lo cercano, lo que se consigue ver o se puede comparar.  “Es mejor empezar con una frase corta. Es mejor ser directo. Una frase larga va a confundir. No quieres que el lector tenga que releer dos o tres veces para entender lo que estás diciendo”, explica Wallace.

En el proceso de escritura está comprobado que menos es más. Una descripción estática, que se recrea en el paisaje y que retrasa el desarrollo de la historia puede ser aburrida para el lector y distraer el foco de la pieza. Se trata de hacer una descripción activa, dinámica, con economía del lenguaje.  “Lo último que quiero leer es a un periodista fascinado por sus propias palabras, que abuse de las oraciones subordinadas”, dice Pires.  Para Wallace “hay que enganchar al lector y traerlo hacia ti, como si estuvieras pescando, y en adelante darle incentivos para que continúe la lectura. Cada frase, cada párrafo tiene que conducir al siguiente”. Si se quiere dar la sensación del ambiente en el que está metido un personaje, a veces es mejor ir soltando detalles, en lugar de hacer una descripción plena. “Por ejemplo, en una página dices que el personaje saca el pañuelo y se seca el sudor, más adelante pone un abanico a moverse, en la página que sigue, muestra un papel arrugado. A las cuatro o cinco páginas ya la persona tiene la sensación clara de lo que es el calor”, dice el investigador Ariel Castillo Mier. 

Las citas enriquecen un relato de viajes, permiten revelar el carácter de un personaje, su forma de hablar, lo que dice y lo que esconde, pero no se debe abusar de ellas. “Escoger elquote que aporta a la historia y no parafrasear lo que dice el personaje. Si debes reelaborarlo o recordarlo no debe señalarse como un quote”, explica Héctor Feliciano. Pero hay personajes que no hablan con palabras, sino con acciones o pasividad, con gestos y comportamientos. En ese caso el autor debería considerar desaparecer en el texto para que el personaje simplemente se muestre con naturalidad ante el lector.

Es válido recurrir a las herramientas de la literatura, hacer del uso de los diferentes tiempos, un recurso narrativo, pero siempre definiendo el presente y buscando que el texto sea claro para el lector. Para Jonathan Levi, la poesía es una buena forma de hacer escritura de viajes. “Las imágenes son maravillosas pero algunas veces pueden ser una manera fácil de no describir las cosas”, afirma Levi, “describir un proceso o un paisaje puede llegar a ser muy largo y aburrido. Una de las formas más económicas de trabajar con las palabras es la poesía, porque todo lo que tenemos que hacer es usar las palabras adecuadas para que surjan las imágenes”.

La poesía es capaz de nombrar lo innombrable o describir lo indescriptible. Cuando algo te sobrecoge al punto de quedarte sin palabras, es probable que el camino sea la poesía. Para Paulo Roberto Pires, la poeta y traductora norteamericana, Elizabeth Bishop, tenía la facultad de narrar la extrañeza que le producían los territorios que retrataba en sus poemas, y, en esa medida, conseguía una subjetividad cómplice con el lector, transmitiéndole imágenes y sensaciones familiares y conmovedoras a la vez. En el poema, ‘Cuestiones de viaje’, describe:

“There are too many waterfalls here; the crowded streams
hurry too rapidly down to the sea,
and the pressure of so many clouds on the mountaintops
makes them spill over the sides in soft slow-motion,
turning to waterfalls under our very eyes”.

Escribir es pensar, es la última vez que pensamos antes de imprimir”, insiste Héctor Feliciano. Un relato de viajes puede ser una crónica, un reportaje, un ensayo o un poema. Es una narrativa que invita a la ambigüedad y que admite la presencia del autor como observador o como protagonista. La presencia explícita del periodista puede aportar verosimilitud y cercanía o puede distraer y acabar convirtiéndolo en protagonista. Esta decisión define el tono del relato. La elección de las fuentes y elementos que se van a incluir dan el punto de vista al narrador o narradores y el lenguaje usado con precisión y oportunidad, marca el ritmo. “Retratas una realidad a partir de una pequeña foto… es importante escoger desde dónde y a qué hora la tomas… ser consciente de quien queda fuera y por qué”, afirma Jonathan Levi, “se trata de hacer una ‘miniatura perfecta’ que cuenta una historia de principio a fin. Es la diferencia que hay entre el brochazo grueso que hace el pintor de paredes y el trazo creador de un artista”, grafica Feliciano. 

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