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Los desafíos de la posverdad y 6 soluciones para hacerle frente

1 de febrero de 2017. Actividades de la FNPI, Comunidad FNPI

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El 2016 marcará un punto de quiebre para el periodismo. El auge de las noticias falsas y las inesperadas victorias electorales en el mundo demostraron que los medios están perdiendo la conexión con sus audiencias.

Durante el Hay Festival, cuatro directores de medios impresos y digitales reflexionaron acerca de los dilemas que plantea este fenómeno -que se acuñó bajo el nombre de ‘posverdad’- y propusieron algunas soluciones. Alejandro Santos, de la revista Semana; Ramón Pérez-Maura, del diario ABC de España y Juanita León, de La Silla Vacía, dialogaron durante una hora con Hernando Álvarez, director de BBC mundo.

Los retos

  • Estamos ante una audiencia que cree todo lo que ve en línea.  

Hoy “lo vi en Facebook” es sinónimo de “es verdad” sin importar la fuente del contenido. A la hora de informarse, la audiencia ya no suele acudir a un medio en el que confía, sino dejar que la información le llegue por las redes. Para Ramón Pérez-Maura, director adjunto de ABC, eso supone un problema para la sociedad: “Cuando uno llegaba a comprar un periódico, con solo ver la diagramación de la primera plana podía diferenciar a un medio serio de uno ‘amarillo’. Ahora con el texto de Twitter no puedes saberlo”.

  • Hoy cualquiera puede ser periodista.

Ante el universo de información que circula en Internet, el papel del periodista está quedando relegado: “a la gente ya no le importa si lo dice la BBC o lo dice alguien que nadie conoce y que nunca ha tenido ninguna reputación”, señaló Hernando Álvarez.

  • El gobierno del país más poderoso del mundo ataca de frente la libertad de prensa.

Para Alejandro Santos, “la democracia occidental está realmente amenazada. El periodismo es la punta de lanza de las decisiones de una sociedad y esa toma de decisiones está siendo manipulada por información falsa”.

Las alternativas

  • Entender que el concepto de noticia ha cambiado.

“Antes nuestra labor era ir a una rueda de prensa, porque la gente no tenía acceso a las declaraciones de los funcionarios, ahora los presidentes tienen Twitter”: Hernando Álvarez. 

  • Cubrir todas las voces.

Una de las lecciones que dejó 2016 es que la prensa en muchas ocasiones se limitó a informar sobre lo que se establecía como cierto: que ni el Brexit, ni Trump ni el ‘No’ tenían posibilidades de triunfar.

Martín Caparrós lo resumió en su columna del New York Times El año en que chocamos con nosotros mismos: “el mejor periodismo (?) se dedicó a confirmar lo que creía saber, a contar lo que lo confortaba y confortaba a sus lectores. (…) Tantos viven distinto, piensan distinto, imaginan distinto. No menos, no peor: distinto. Y nosotros, los dueños supuestos del discurso, no procuramos siquiera saber cómo”.

Desde La Silla Vacía la decisión para no caer en ese error fue cubrir el proceso de paz dándoles voz a los líderes del 'No'. “Decidimos cubrir ese mundo y tratar de entenderlos, en lugar de ignorarlos o calificarlos como brutos”, explicó Juanita León.

  • Intentar entender las conversaciones cotidianas y adentrarse en ellas.

La Silla Vacía lo empezó a hacer con una nueva herramienta: el detector de Whatsapp. Semanalmente recibirán cadenas sobre el poder político en Colombia y escogerán una para confirmar o desmentir sus afirmaciones. Esta semana la inauguraron con una cadena sobre las zonas veredales de las Farc.

“Queremos influir en la información que realmente está compartiendo la gente con sus amigos, en las conversaciones cotidianas donde la gente forma sus ideas”, explicó la directora de este medio digital.

  • Llamar a las mentiras por su nombre.

El primer paso lo dio el New York Times con su titular de primera plana del 24 de enero: “Trump repite mentira sobre el voto popular en reunión con congresistas”.

Ante esta medida, el director de Semana planteó un dilema: “si decimos que el gobernante miente nos rotulan de opositores y perdemos credibilidad; pero si no lo hacemos nos autocensuramos y dejamos de hacer nuestro trabajo. No hay salida sencilla”.

  • Hacer reflexión y autocrítica.

Para la directora de La Silla Vacía, la posverdad es también una oportunidad para que los medios evalúen cómo venían haciendo su trabajo. “No es que antes contáramos toda la verdad y ahora no. Tenemos tantos vacíos en el periodismo que ahora la gente no siente que está perdiendo mucho”.

  • Hacer buen periodismo.

Los cuatro directores coincidieron en que para combatir la posverdad lo mejor es hacer un periodismo serio, en el que los datos y los hechos sean tan contundentes que superen las emociones e ideologías. Un ejemplo de cómo lograrlo, según los panelistas, lo dio la revista Semana hace algunos años con el cubrimiento del escándalo del DAS, una investigación tan rigurosa que no dejó lugar a las dudas.

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