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"Para García Márquez, el periodismo ha sido su vida tanto como la literatura"

10 de diciembre de 2012. Publicaciones, Actividades de la FNPI

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Gabriel García Márquez en las oficinas de Prensa Latina, Bogotá, 1959. Foto: Hernán Díaz.

Gabriel García Márquez en las oficinas de Prensa Latina, Bogotá, 1959. Foto: Hernán Díaz.

Este texto del periodista y escritor Héctor Feliciano, ofrece un recuento de la trayectoria periodística de Gabriel García Márquez como una faceta inseparable e igual de valiosa que su brillo literario. El relato está incluído como presentación del libro "Gabo, periodista" y hoy lo compartimos como parte de la conmemoración de los 30 años de cuando Gabriel García Márquez recibiera el premio Nobel de literatura el 10 de diciembre de 1982.

 

Presentación del libro Gabo, periodista"
Por Héctor Feliciano

El largo y acoplado oficio de periodista de Gabriel García Márquez ha sido, de los dos principales emprendidos a lo largo de su vida, el menos frecuentado hasta ahora por los lectores.

Se conocen ampliamente aspectos de su periodismo gracias a las peripecias caribeñas de Relato de un náufrago y al suspenso del mundo de la narcoviolencia narrado en Noticia de un secuestro.

El gran resto, sin embargo, los cientos de artículos, columnas, crónicas o entrevistas realizadas desde 1948, cuando a la edad de veintiún años comenzó a escribir para el diario El Universal en Cartagena de Indias, solo ha gozado de un tácito reconocimiento de prestigio. El joven García Márquez era un periodista conocido en Colombia, pero, hasta hoy, únicamente un puñado de lectores, en su mayoría otros colegas y escritores, han leído sus artículos.

Y es un gran desacierto ese olvido. Leer esas páginas postergadas nos hace caer en la cuenta de aquello que nos hemos estado perdiendo hasta ahora.

Este libro quiere facilitar el acceso a los mejores escritos del periodismo de Gabriel García Márquez, intentando ponerlos en su justo lugar, íntimamente entrelazados con sus mejores novelas, cuentos y relatos. Se trata, así, de hacer leer un periodismo que ha sido el vivero predilecto de su lenguaje, de su hiperbólica imaginación y de su humor pícaro, orientado por una amplia curiosidad y una diversidad de temas, raras en nuestros días de desabridos observadores del mundo.

Después de todo, es cierto que en 1982 se atribuyó también el premio Nobel de Literatura al García Márquez periodista: “Además de su producción literaria, [García Márquez] ha estado muy activo como periodista, y sus escritos son polifacéticos, inventivos, a menudo provocadores y de ninguna manera limitados a temas políticos”, recordaba el discurso oficial de presentación de la ceremonia de entrega del premio en Estocolmo.

 No se trata, pues, de escritos que corren paralelos o que estén supeditados a su literatura, como si a esta hubieran servido de impedimento necesario o de acto inconsciente, impensado, para ganarse un sueldo, sino que el periodismo del escritor colombiano ha sido, desde sus comienzos, una escritura esencial, una práctica diaria, acaso el taller en que se forjó buena parte de su literatura.

Para García Márquez, el periodismo ha sido su vida tanto como la literatura. Contrariamente a lo que ha ocurrido con otros escritores, el periodismo no agota y seca las cualidades literarias del escritor colombiano, sino que, todo lo contrario, lo potencia y lo acompaña forjándose. A menudo, pareciera que las semillas de lo que se ha llamado “realismo mágico” o de las concepciones largas y laberínticas del tiempo de sus novelas se encuentran ya en sus crónicas. Separar el periodismo de su literatura sería comparable a hacerlo con el de Martí, el de Darío o el de ‘Azorín’.

Y es que en América Latina y en España la larga tradición de escritores que hacen periodismo y de periodistas que escriben literatura es muy antigua y fructífera. En el caso de García Márquez, su amplia carrera cubrió, como la de muy pocos, la de reportero de calle, de cronista, de columnista, de corresponsal internacional y de periodista que escribía en la prensa de otro país. Fue el periodismo el que le soltó la muñeca y la imaginación al novelista cuando ensayaba en sus escritos diarios lo que aprendía en sus lecturas, o cuando elaboraba su lenguaje particular y desarrollaba temas venideros. Así, en sus artículos y crónicas de los primeros años, García Márquez ponía en práctica o comentaba diariamente lo que descubría en sus lecturas literarias. Al leerlo hoy sabemos directamente, o podemos leer entre líneas, de su conocimiento desde muy joven de Faulkner, Woolf, Proust, Capote, Borges, Kafka o Joyce; o sobre los Buendía y otros personajes; o del origen de algunas ideas y temas que serán expuestos en Cien años de soledad; o, también, sobre su interés marcado por la música vallenata y la cultura popular de su región caribeña. En ese entonces, García Márquez ya trabajaba en el diario El Heraldo, de Barranquilla, y comenzaba a frecuentar casi diariamente el camino del comentario o de la crónica, que siempre proporcionan distancia panorámica. De la crónica, García Márquez terminará por convertirse en uno de los modelos inmejorables en castellano.

Sin embargo, el entusiasmo por la actualidad le dará la oportunidad, también, de encontrarse en el denso entretejido de la vida y de escribir algunas de sus piezas más memorables. Buen periodista al fin, García Márquez ha tenido el olfato para lograr encontrarse, a menudo, en el lugar y el momento precisos en que se estaba dando la noticia. Pocos periodistas han tenido la suerte de presenciar la caída del dictador Pérez Jiménez en Caracas y de entrevistar, cuatro décadas más tarde, a Hugo Chávez; o de ser testigo de los juicios públicos de los funcionarios de Batista en La Habana y de dialogar, muchos años más tarde, con Fidel Castro; o de entrevistar, durante días, a un náufrago o a un secuestrado que, por razones y en épocas diferentes, sobrevivieron milagrosamente en su Colombia natal.

Existe, además, el trasiego constante y directo, los vasos comunicantes, entre el periodismo y su literatura. Más tarde, cuando escribe para el diario español El País, se observa cómo sus incidentes vivenciales se vierten directamente en columnas periodísticas para luego transformarse en cuentos.

Pero en el periodismo no basta solamente con estar presente en un lugar, ya que se trata, también, de saber contar la noticia, de narrarla. Y en la narración, García Márquez es un maestro; logra saber cómo hacer un buen cuento, cómo buscarle la vuelta a lo que ocurre, lo mismo con una breve noticia como con un largo relato.

Otro escritor y periodista, el argentino Tomás Eloy Martínez, amigo del escritor colombiano desde la década de los sesenta y lector atento de su obra, contaba que le impresionaba el periodismo de García Márquez por la calidad sostenida de lo escrito, año tras año, durante décadas, sin importar el tema.

Para narrar de ese modo hay que tomarse en serio el oficio, y es por ello que García Márquez ha podido calificar el periodismo como “el mejor oficio del mundo”.

Sin cesar de preguntarnos en qué lugar de su propia calificación jerárquica de los géneros escritos ubica García Márquez a la literatura, constatamos que, ciertamente, el periodismo es de una importancia tal en su vida que además de ser el oficio que lo inicia y lo sostiene como escritor es el que, como una plancha de salvación, le permite abandonar los estudios de Derecho y comenzar a escribir en los diarios de la Costa Caribe colombiana, y el que lo encamina hacia la literatura; además, es el que lo hace partir de su país, y el que lo lleva por primera vez a Europa, como corresponsal, y de viaje, igualmente, a Venezuela y a Cuba, a principios de la revolución cubana, y, luego, a recorrer América Latina antes de trasladarse a Nueva York con su familia para trabajar en la oficina de Prensa Latina, la agencia noticiosa creada por el nuevo régimen cubano. Es su alejamiento del periodismo, justamente después, lo que lo motivará a atravesar el sur de los Estados Unidos para instalarse en México. Allí comienza un paréntesis en el oficio, que durará años y felizmente producirá Cien años de soledad, para luego retomarlo con unas ganas y un compromiso político explícito, en una segunda etapa que no abandonará nunca más, y que comprenderá, entre muchas páginas y libros de periodismo, la fundación de las revistas Alternativa y Cambio, en Colombia. En este libro encontraremos, así, el largo arco escrito de la vida del periodista Gabriel García Márquez.

Confiamos, por lo demás, en que sea este un libro importante y sugerente. Importante, ya que se incluyen, en un solo ejemplar, más de doscientas hojas de sus mejores escritos, representativos de su gran oficio. De ese modo, el lector podrá entrar de lleno a leer, acaso por vez primera, estas páginas.

Sugerente, igualmente, porque a los artículos escritos por García Márquez, ordenados cronológicamente, les siguen, alternándose, comentarios sobre estos, redactados por otros periodistas y escritores, asiduos lectores y amigos del escritor colombiano. Esa selección de varios escritores y periodistas iberoamericanos y de uno estadounidense es infrecuente, y nos proporciona, por primera vez y de primera mano, los comentarios inéditos de colegas reconocidos hoy que acompañaron o se vieron influenciados por su trayectoria. Se han incluido periodistas contemporáneos del Nobel y también otros más jóvenes, para hacer comprender y realizar un amplio panorama del ascendiente directo e indirecto de García Márquez sobre el periodismo de hoy. La condición mínima para verse incluidos ha sido, claro está, que los comentaristas ejerzan o hayan ejercido el oficio de periodista en algún momento de sus vidas. Cada uno escogió libremente un escrito o una serie de escritos de García Márquez para su comentario. Se tuvo la suerte de que los artículos se fueron organizando en una selección natural, que llega a cubrir la gama completa del oficio periodístico del escritor, en la que solo unos cuantos se solapan. Además, el libro comprende una serie de fotografías, la mayoría inéditas, que provienen, entre otros archivos, de los álbumes de familia de Gabriel García Márquez y de Mercedes Barcha, a quienes les agradecemos aquí su ayuda.

Todo libro tiene su historia y este no es excepción. Baste saber que le debe a Jaime Abello Banfi, director general de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), más que a nadie, pues fue él quien concibió la idea original. Luego se puso en contacto conmigo, periodista y maestro de la FNPI, para dirigir y coordinarlo. Acepté con mucho agrado y más temor, ya que la empresa era mayúscula e internacional, y exigiría de mí gran esfuerzo. Rápidamente, se estableció la lista de comentaristas apropiados, y cada uno de estos escogió sus escritos favoritos. Finalmente, determinamos que era imprescindible que cada comentario de autor siguiera inmediatamente al escrito de García Márquez al que aludía, en vez de agrupar todos los comentarios al final. Para evitar el extravío o el naufragio de los lectores, se ha realizado una biografía periodística y una nueva cronología de la vida de García Márquez.

Como toda obra de gran dimensión, esta ha sido realizada gracias a un trabajo de equipo, al cual han contribuido particularmente José Luís Novoa, Natalia Algarín, Ricardo Corredor y José Antonio Carbonell.

En periodismo no es frecuente una configuración tal de escritos excepcionales de un solo autor comentados por un singular grupo de amigos o compinches polígrafos. Aprovechemos, pues, la ocasión. 

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