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17 de octubre de 2019
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¿Qué es un libro de no ficción y por qué escribirlo?

26 de octubre de 2015. Actividades de la FNPI

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Así comenzó el Taller de libros periodísticos que conduce Martín Caparrós en Oaxaca, México, en el que participan ocho jóvenes cronistas de América Latina

Por Jorge Carrión, relator del taller

 

DÍA 1

Este taller terminará con preguntas: todos los que participan en él irán pensando, durante toda la semana, en la pregunta ideal, la pregunta perfecta, la pregunta necesaria, la pregunta que cierre una semana de discusiones sobre los proyectos propios y los ajenos, sobre los libros del maestro Caparrós, sobre la dificultad de convertir un sinfín de entrevistas y de lecturas y de notas en algo tan común y tan endiabladamente difícil: un libro.

Esas preguntas ya irán llegando, pero quienes las formularán ya están aquí.

De El Salvador ha venido Carlos Martínez -a quien no le gusta escribir pero le encanta reportear- que trae un proyecto sobre pandillas y migraciones que ha sido su obsesión durante cinco años.

De Venezuela ha venido el poeta Willy Mckey, para escribir sobre la música de su país, en un contexto político cada vez más complejo y más convulso y, sobre todo, más confuso.

De Colombia ha venido Jairo Patiño, televisivo y biógrafo de Celia Cruz, quien ama y odia su historia: la de Robert “Bobby” Moore, capitán de la selección inglesa, acusado de robo en 1970 en Bogotá.

Con una caja de té (sorpresa) ha venido Santiago Villa, que nos da una clase acelerada sobre infusión al estilo chino después de regalarnos unos paquetitos envasados al vacío. Pretende convertir las crónicas sobre China que ya ha publicado, en un libro sobre ese país cargado de futuro –y descargado a la vez.

Del DF, pese a ser colombiana, ha llegado Margarita Solano, que ha viajado por toda América Latina recolectando historias de migrantes que quiere convertir en su segundo libro.

Desde la Patagonia argentina ha llegado Miguel Roth, con la intención de narrar este continente a través de iniciativas humanitarias y acciones religiosas supuestamente guiadas por la buena fe.

Carlos Manuel Álvarez ha venido desde Cuba, tras algunas dificultades propias de la isla, con un libro de cuentos bajo el brazo. Ahora piensa en un libro de crónicas que sea un panorama cubano del siglo XXI.

Chantal Flores juega de local: es, además de periodista, experta en artes marciales. Después de trabajar en varios ámbitos, se centra ahora en una investigación sobre los familiares de desaparecidos mexicanos, sobre sus búsquedas.

Y Martín Caparrós ha venido desde Madrid, aunque sea argentino; se presentó dos veces a la beca Guggenheim (la segunda por insistencia de Tomás Eloy Martínez); hace cuarenta años que ejerce el periodismo; escribe ficción y no ficción, en ritmo alternado; ahora publica Lacrónica, una antología comentada de su propia obra que de algún modo sería el manual perfecto para este taller. 

Pero no lo hemos podido leer, porque todavía no se ha publicado.

De modo que comencemos a trabajar: escribamos nuestro propio manual.

Y hagásmoslo por la pregunta primera: ¿Qué es un libro de no ficción y por qué escribirlo?

Un libro es el espacio donde se produce gran parte del periodismo más libre que se escribe ahora en América Latina. 

Puede ser la culminación de un proceso que sobre todo ha consistido en reportear, en entrevistar, en el trabajo de campo.

O la conclusión lógica de un esfuerzo que trasciende la longitud y el impacto de una crónica que se publique en un diario o una revista.

O un texto cuya extensión controlas y decides tú –no un editor o la publicidad del medio.

O un artefacto narrativo, a veces incluso literario.

O un proyecto de escritura en contra de lo que el público cree que desea leer.

O un gesto de mínima o máxima resistencia; incluso una intervención.

O el medio para contar una buena historia –una historia que merece ser contada.

O una pequeñísima parte de una maquinaria enorme: la industria editorial.

O un objeto que es el centro de la vida de cada lector.

O algo que –al menos en el ámbito del mito- posee el don de la perdurabilidad y un aura de prestigio.

O algo que quizá, si hay suerte, producirá un cierto impacto.

O algo.

 

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