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Relatoría del juzgamiento del Premio Gabo categoría Texto

23 de enero de 2017. Actividades de la FNPI, Comunidad FNPI

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Introducción

Los periodistas Alexandra Lucas Coelho, de Portugal; Héctor Feliciano, de Puerto Rico, y Jorge Carrión, de España, conformaron la ronda final de jurados de la categoría Texto del Premio Premio Gabriel García Márquez de periodismo.

El 16 y 17 de agosto de 2016 se reunieron en Cartagena de Indias para elegir los 10 trabajos que conformarían la selección oficial, tres finalistas y el ganador. Para llegar a este punto, las primeras rondas de jurados preseleccionaron 22 trabajos entre las 842 postulaciones que recibió el Premio en esta categoría.

Palabras clave: periodismo, texto, literatura, reportaje, crónica

En una amplia sala blanca con dos puertas de madera y tres ventanales tropicales se encontraron el 12 de agosto de 2016 Héctor Feliciano, Alexandra Lucas Coelho y Jorge Carrión. El primero venía de Puerto Rico, la segunda llegaba de Portugal y el tercero había volado desde España. Era el segundo viernes del mes. Llevaban ropa fresca y libretas de notas. Estaban listos para decidir, en Cartagena de Indias, cuál sería el trabajo ganador en la categoría Texto de la edición 2016 del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo.

Era temprano. Los tres habían hecho la tarea, leer los 22 trabajos preseleccionados de entre los 842 textos revisados meticulosamente por los nueve jurados de la primera ronda: Antonio Díaz Oliva (Chile), Daniela Rea Gómez (México), Christian Ibarra Delgado (Puerto Rico), Vânia Maia (Portugual), Carlos Henrique Fioravanti (Brasil), Ander Izaguirre (España), Élmer L. Menjívar (El Salvador); Óscar Escamilla (Colombia); y los seis de la segunda: Andrés Schipani (Argentina), Magela Baudoin (Bolivia), Marcel Ventura (Venezuela), Marco Avilés (Perú), Paulo Roberto Pires (Brasil) y Sabrina Duque (Ecuador).

Comenzaron por compartir percepciones. Feliciano tuvo la impresión de que, en cuestión de unos cuatro años, el nivel de los temas había variado. Dijo que ya los contenidos no estaban tan enfocados en la narración de la miseria y que eso era –claramente- un buen síntoma para el ejercicio periodístico.

Minutos después de la primera taza de café, Carrión apuntó que, si bien no había comprobado cuál era el promedio en el rango de edad de los cronistas participantes, notaba que había un evidente relevo generacional. Se mostró sorprendido ante el interés de los reporteros españoles por postularse al premio y lo interpretó como muestra de la atención que cobra en el viejo continente.

Los comentarios generales fluían. Cada línea daba paso a una nueva reflexión. Alexandra abrió espacio a un breve debate sobre la consolidación de los medios de comunicación, con la aclaración de que no necesariamente los más grandes son los más interesantes.

Bamboleó la cabeza. Pausó los comentarios. Se entregó al silencio un par de minutos. Luego lo rompió. Con su acento portugués, reconoció que cada vez hay más lugares que se quedan completamente “oscuros” por no tener quien los cuente. Fue clara. Se refirió a la esperanza que le genera ver gente joven comprometida con hacerlo, con contar historias sin importar los riesgos, a pesar de la precariedad del ejercicio, a pesar de la falta de dinero. Dijo que en su generación ve la amenaza del fin del periodismo y concluyó que esta es apenas una consecuencia de la tan frecuente falta de un salario digno.

Feliciano se unió al análisis y recordó que este año hubo muchas postulaciones en portugués: 131 de 842; de las cuales 116 fueron de Brasil y 15 de Portugal. Antes de iniciar el juzgamiento, releyeron las bases del premio y especificaron que -en honor a Gabo- le dan mucha importancia al aspecto literario, a las cualidades narrativas de los textos.

Cada uno tomó un paquete de hojas. Todas blancas y sujetas por grapas metálicas que unían más que títulos y párrafos. Unían países. Allí se encontraba Iberoamérica escrita. Feliciano destacó que la mayoría fueron reportajes, no crónicas. Jorge pidió calidad literaria. Dijo que lo horrorizaba encontrarse con párrafos de dos líneas, con líneas escritas con muy poca conciencia narrativa.

La tarde cayó y los tres jurados hablaron de conceptos diáfanos. Temas interesantes. Párrafos pertinentes. Relatos bien hilados y una mesa. Una que además de mantel, estaba cubierta de historias tejidas a mano. Sí, forrada por páginas escritas con hilos de seda que hacían casi imperceptible la presencia de los narradores.

Entre los 22 textos preseleccionados sobró originalidad. Un genio que no tenía tiempo bailó entre  títulos que hablaban de caños de odio sobre cemento y relataban la travesía de una tribu maldita en la que había demonios, una cruz y hasta patriotas cooperantes.

De todo, eso había en la preselección. Pero un golpe de curiosidad hizo que Alexandra, Jorge y Héctor decidieran abrir de nuevo la “caja de Pandora” que escondía otros tesoros: el paquete de textos de la segunda ronda. De allí tomaron uno. Lo trajeron desde “ultratumba”. Desde el cementerio en el que yacían los que no habían logrado pasar el filtro para convertirse en uno de los 22.

El coraje de publicar sobre temas tan delicados como la pederastia refrescó el ambiente del segundo día de deliberación. Un sábado soleado y caluroso. Caluroso y polifónico. Voces y matices intercalados en una danza de letras en la que sobresalieron punzantes investigaciones que, incluso, podían haber calificado también en la categoría de cobertura.

El panorama del oscuro negocio de la venta de armas, crímenes, detenciones y hasta un viaje a las sombras de la catástrofe de Chernobyl marcaron el segundo día. Contexto y descripción, ambos compitieron en una puja de letras. Una apasionante, dura y constante.

El error de pensar que un tema es interesante solo porque al periodista le gusta, motivó a Carrión a dejar algunos textos en espera. Los envió a un “limbo” que definieron para apilar los que no despejaban del todo las dudas. Pero la revancha llegó cuando de aquel estado letárgico rescataron un par.

La falta de corrección y edición salió a flote antes del cierre. Un par de preseleccionados se convirtieron en ejemplo de lo que las horas dedicadas a “podar” los párrafos pueden aportar a darle forma a las ideas.

Variedad y drama. Distancia de la monotonía. Ritmo. Calidad y ritmo primaron en la elección de los primeros siete clasificados. Extorsiones, muñecas rotas, exilios en el paraíso, carne, mucha carne. No aceptaban huesos duros de roer. Los trabajos finalistas debían ser pulpa gustosa y fácil de digerir. Fibras magras de una Iberoamérica herida por el narcotráfico, la guerra y la mafia.

Y entonces, cuando confesaron creer que la selección sería más fácil, algo pasó. Sí, algo pasó cuando historias íntimas contadas a manera de reportaje empezaron a ser descartadas para dar paso a las escritas sin asco, sin misterio, pero con sorpresa.

La literatura como requisito. La precisión como característica. El desglose. El gusto. La sazón. El olfato. Todo jugó a favor de los dos trabajos peruanos, dos chilenos, un portugués, un cubano, un argentino, un brasilero, un salvadoreño y un colombiano que conformaron el listado de los diez.

Catarina Gomez, con Quem é o fliho que António deixou na guerra? escrito para Jornal Público; Mónica Baró Sánchez, con La mudanza, para el medio cubano Periodismo de Barrio; Natalia Viana, con São Gabriel e seus demônios, para la Agência Pública de Jornalismo Investigativo de Brasil;  Daniel Wizenberg, con Son como nosotros, para la Revista Anfibia de Argentina; Rodrigo Fluxa, con La cruz de un hijitus, para El Mercurio de Chile; Santiago Rosero, con Un panadero de alta costura para Etiqueta Negra de Perú; Ángel Unfried, con La revancha de Santa Zita, para El Malpensante de Colombia; Carlos Martínez, con Las fuerzas de seguridad son un barril de dinamita para El Faro de El Salvador; Eliezer Budasoff, con El señor de las papas para Etiqueta Verde de Perú; y Stefanía Doebbel con Las madres del aluvión para la Revista Paula de Chile.

Cubrirlo todo, esa fue la meta planteada al cierre de la segunda tarde, cuando entre diez finalistas ya había un ganador: São Gabriel e seus demonios, de la periodista y codirectora de la Agencia Pública de Periodismo de Investigación que le apostó a tratar de descubrir por qué el municipio con mayor población indígena de Brasil es también el que tiene mayor índice de suicidios.

Desde familiares hasta chamanes y militares se sumaron a las voces con las que Viana construyó un reportaje que escarba entre los conocimientos históricos, sociológicos y espirituales de los 23 pueblos que habitan la región y sobre el que el jurado concluyó que representaba una propuesta de largo aliento que difícilmente encaja en las fórmulas tradicionales del periodismo. Una apuesta nutrida por una cuota de esfuerzo personal muy grande por parte de la reportera, quien aprovechó sus vacaciones solo para indagar. Escribir, cotejar e indagar.

Viana no estuvo sola en la final. Aquel 13 de agosto en aquella blanca y fresca casona caribeña del barrio El Cabrero de Cartagena, Mónica Baró Sánchez clasificó como finalista gracias a la elevada calidad literaria con la que escribió La mudanza, texto descrito por el jurado como una crónica capaz de leerse con el mismo placer con el que se lee un buen cuento.

Baró consiguió retratar un colectivo herido, a través de una elaborada estructura polifónica que ofrece la posibilidad de pensar la historia de Cuba y su presente problemático como una metáfora. En este caso, la independencia de la cronista del proyecto Periodismo de Barrio fue valorada como muestra de la pasión que rompe barreras en el contexto de su país. Como un reflejo de la emergencia de una nueva y prometedora generación de cubanos.

La “honestidad intelectual” de Eliezer Budasoff en su texto El señor de las papas fue destacada por la posibilidad que le brinda al lector para adentrarse en el mundo de la agricultura, la gastronomía y el orgullo campesino. En esta publicación para Etiqueta verde, según los jurados, el autor dibuja el profundo vínculo que existe en Perú con ese alimento y nos permite saborear el periodismo con deseos de más. Con la misma emoción con la que muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

Aquel sábado 13 de agosto Cartagena no era como Macondo. No. Era más que una aldea de veinte casas de barro y cañabrava. Era un corral de piedra que encerraba 10 historias bien contadas. Unas que se precipitaban por las manos de los jurados como aquellas aguas diáfanas que inspiraron a Gabo a contar Cien años de soledad.

Sobre los jurados

Alexandra Lucas Coelho

Como reportera ha cubierto lugares como la URSS y Europa del Este, Bosnia, Afganistán, Pakistán, El Líbano, Siria, Egipto, Turquía, Israel/Palestina, India, Mozambique, Sudáfrica México o Brasil. Ha sido corresponsal del periódico portugués Público en Jerusalén y Río de Janeiro y  ha publicado trabajos en inglés, alemán y francés. Actualmente mantiene una columna dominical en Público. Ha publicado cinco libros de reportaje/crónica/viaje: Oriente Próximo (2007, sobre el conflicto israelo-palestino); Caderno Afegão (2009); Viva México (2010); Tahrir (2011); Vai, Brasil (2013), y dos novelas (E a Noite Roda, Grande Prémio de Romance e Novela APE 2012, y O Meu Amante de Domingo, 2014).

Héctor Feliciano

Ha colaborado en El País, Clarín, The Washington Post, Los Angeles Times, y en las revistas Etiqueta Negra, Letras Libres y El Malpensante.

Es autor de El Museo desaparecido, una investigación periodística sobre el saqueo de arte realizado por los nazis, obra por la que la Universidad de Columbia le otorgó la beca del National Arts Journalism Fellowship Program (NAJP). También ha sido miembro del Comité de expertos de la Comisión Presidencial de Bienes del Holocausto en los Estados Unidos (Presidential Commission on Holocaust Assets in the United States) creada durante el mandato de Bill Clinton. En 1999 organizó el primer simposio sobre la propiedad cultural y el patrimonio en la Universidad de Columbia. En la FNPI ha dirigido talleres de periodismo sobre temas de cultura. Ha sido editor y coordinador de los libros Las mejores crónicas de América Latina II y Gabo periodista.

Jorge Carrión

Es doctor en humanidades por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y director de su Máster en Creación Literaria. Ha vivido en Buenos Aires, Rosario y Chicago. Publica regularmente en diversos medios, entre ellos El PaísLa Vanguardia y Letras Libres. Es autor de la tetralogía de ficción “Las huellas” (conformada por Los muertos, Los huérfanos, Los turistas y Los difuntos) y de varios libros de no ficción, entre los que destacan Australia. Un viaje, Teleshakespeare Librerías. Fue comisario de la exposición “Las variaciones Sebald” del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona. Ha sido traducido al italiano, el alemán, el francés, el polaco, el inglés y el chino.

Sobre el Premio y Festival

El Premio y Festival Gabriel García Márquez de Periodismo es convocado por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano –FNPI-, con el objetivo de incentivar la búsqueda de la excelencia, la innovación y la coherencia ética, con inspiración en los ideales y obra de Gabriel García Márquez y en la dinámica de creatividad y liderazgo que caracterizan a Medellín, Colombia. Es posible gracias a la alianza público-privada conformada por la Alcaldía de Medellín y los grupos Bancolombia y SURA con sus filiales en América Latina.

Relatoría del proceso de juzgamiento del Premio Gabriel García Márquez 2016

Categoría:  Texto

Fecha: 14 y 15 de agosto de 2016

Lugar: Cartagena, Colombia

Jurados: Héctor Feliciano (Puerto Rico), Alexandra Lucas Coelho (Portugal) y Jorge Carrión (España).

Relatoría de Éel María Angulo

 

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