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12 de agosto de 2020
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¿Se puede añadir en una crónica algo que uno no vio, no vivió, sin especificarlo?

2 de noviembre de 2015. Actividades de la FNPI

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Terminó el Taller de libros que condujo Martín Caparrós en Oaxaca, México, y estos son los aprendizajes que tomamos de la última sesión. Muy pronto publicaremos la relatoría que recopila las lecciones y reflexiones que surgieron del taller. 

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Por Jorge Carrión, relator del taller

29. La descripción importa. Las historias tienen un contexto. Y ese contexto se puede percibir a través de los cinco sentidos. Una buena descripción inyecta densidad a la crónica. Entre sus formas está la enumeración (puede ser ordenada o caótica; con comas o puntos y coma o con íes griegas –es decir, polisíndeton). Se trata tan sólo de sentarse en un rincón, mirar y tomar nota de lo que está sucediendo frente a nosotros.

30. Una crónica puede comenzar con la reflexión sobre una palabra. Pensar en el significado y la historia de palabras como “refugiado”, “migrante” o “desaparecido” es un buen paso previo. Nos lleva a un marco de reflexión. Nos ubica intelectualmente en un debate.

31. Hay refugiadosmigrantes y desaparecidos buenos y malos (la mayoría se sitúan entre ambos polos, como todos los seres humanos): hay que contar cómo es cada cual en realidad, más allá de su condición de víctima, para comprender a la persona en toda su complejidad. Aunque explicar que eran traficantes de droga, maltratadores o militantes de un grupo armado pueda hacer pensar a cierto lector que “se lo merecían”.

32. En una lectura, para que alguien te importe, debe existir. Creemos personajes sólidos, bien descritos, con cuerpo, con circunstancias, con matices, con entidad, con biografía. De ese modo aquello que le ocurra nos afectará de verdad.

33. Los datos son imprescindibles: fechas, nombres, cifras estadísticas. Dentro del párrafo su mejor lugar es el centro, rodeados de frases atractivas que nos ayuden a digerirlos –pues acostumbran a ser duros de roer. Hay que encontrar maneras no sólo de informar, sino también de dar la magnitud del asunto que abordamos. Maneras gráficas, elocuentes.

34. ¿Se puede añadir en una crónica algo que uno no vio, no vivió, sin especificarlo? ¿Se puede reconstruir un escena y situarse uno en ella si uno no estuvo allí? Son preguntas que un periodista debe tratar siempre de responder –o al menos ensayar respuestas. Un límite puede ser el ridículo. Una justificación: lograr así que la escena sea más vívida. Dos recursos habituales que invitan al debate: fundir en uno varios personajes; hacer lo propio con varios viajes. El periodismo de hoy, por cierto, en el contexto de internet, se enfrenta como ningún otro precedente al fact checking. 

35. Es difícil conseguir un buen final. Tanto un final deslhilachado como un final demasiado redondo pueden restar fuerza a todo lo leído previamente. Hay que calibrar un cierto impacto, la introducción de algo nuevo y un cierto grado de apertura en las últimas líneas del relato; tratar de que sea memorable; pero que no traicione la lógica interna del desarrollo –que a menudo es lo que nos dicta el remate. Cuidado con los finales tranqulizadores, porque la crónica por lo general lo que pretende es precisamente inquietar y dejarnos inquietos.

ALGUNAS OPCIONES PARA SEGUIR LEYENDO

Teoría (en orden alfabético)

Boynton, Robert S., El nuevo Nuevo Periodismo, Barcelona, Universidad de Barcelona, 2015.

Caparrós, Martín, Lacrónica, Madrid, Círculo de Tiza, 2015.

Carrión, Jorge (Ed.), Mejor que ficción. Crónicas ejemplares, Barcelona, Anagrama, 2012.

Herrscher, Rodolfo, Periodismo narrativo, diversas ediciones.

Rotker, Susana, La invención de la crónica, Fondo de Cultura Económica, Ciudad de México, 2005.

Weingarten, Marc, La banda que escribía torcido. Una historia del nuevo periodismo, Madrid, Libros del KO, 2013.

Wolfe, Tom (Ed.), El Nuevo Periodismo, Barcelona, Anagrama, 1976.

 

Práctica (en aproximado orden cronológico de escritura)

Álvar Núñez Cabeza de Vaca, Naufragios y comentarios, varias ediciones.

Domingo Faustino Sarmiento, Viajes, varias ediciones.

Lucio V. Mansilla, Una excursión a los indios ranqueles, varias ediciones.

Vasili Grossman, El infierno de Treblinka, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2015.

Rodolfo Walsh, Operación masacre, varias ediciones.

Gabriel García Márquez, Relato de un náufrago, varias ediciones.

Truman Capote, Música para camaleones, Barcelona, Anagrama, 1994.

Günter Wallraff, Cabeza de turco. Abajo del todo, Barcelona, Anagrama, 1987.

Gay Talese, Honrarás a tu padre, Madrid, Alfaguara, 2011.


Hunter S. Thompson, Los Ángeles del Infierno. Una extraña y terrible saga, Barcelona, Anagrama, 2009.

Martin Amis, Visitando a Mrs. Nabokov y otras excursiones, Barcelona, Anagrama, 1994.

Tomás Eloy Martínez, Lugar común la muerte, varias ediciones.

Joan Didion, El año del pensamiento mágico, Barcelona, Literatura Random House, 2015.

Ryszard KapuścińskiImperio, Barcelona, Anagrama, 2002.

Juan Goytisolo, Aproximaciones a Gaudí en Capadocia, varias ediciones.

Joe Sacco, Palestina, Barcelona, Planeta de Agostini, 2015.

Arcadi Espada, Raval. Del amor a los niños, Barcelona, Anagrama, 2003.

Jon Lee Anderson, La caída de Bagdad, Barcelona, Anagrama, 2005.

Svetlana Aleksievich, Voces de Chernóbyl, Barcelona, Debolsillo, 2015.

Juan Villoro, Safari accidental, varias ediciones.

Pedro Lemebel, Loco afán, varias ediciones.

Cristian Alarcón, Cuando me muera quiero que me toquen cumbia. Vidas de pibes chorros, Buenos Aires, Norma Editorial, 2003.

Alberto Fuguet, Missing (una investigación), Santiago de Chile, Alfaguara, 2009.  

Martín Caparrós, El Interior, prólogo de Jorge Carrión, Barcelona/Ciudad de México, Malpaso, 2014.

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