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29 de marzo de 2020
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"El desafío es devolver insumos para que la sociedad se pueda pensar a sí misma": conclusiones del Taller Anfibio con Paco Goldman y Rossana Reguillo.

12 de junio de 2012. Actividades de la FNPI

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Grupo de participantes en el Taller Anfibio, reunidos en el campus Miguelete de la Universidad Nacional de San Martín. Foto: Mercedes Posada.

Grupo de participantes en el Taller Anfibio, reunidos en el campus Miguelete de la Universidad Nacional de San Martín. Foto: Mercedes Posada.

Terminó en Buenos Aires el 'Taller Anfibio: adentro, al borde o afuera. Crónicas de la diversidad juvenil en América Latina', conducido por los maestros Rossana Reguillo y Paco Goldman.

En las sesiones finales, Goldman invitó a los periodistas a intensificar la relación con sus ciudades, con sus lugares, con sus ámbitos temáticos de trabajo. Sugirió circular por ellos con la actitud de un reportero gráfico, como lo puso en práctica él mismo cuando vivía en México.

Salía a caminar y no volvía a casa hasta no encontrar una imagen que me sorprendiera –confiesa-. Andaba por ahí como un fotógrafo, siempre buscando una escena. Si tú lo piensas, somos como los grandes fotógrafos que pasan toda su vida tomando fotos del mismo lugar. Saben que siempre hay algo nuevo, sorprendente, que habla, que profundiza, que ayuda a entender de qué va cada lugar. 

 

Las siguientes son algunas de las claves del taller, para atravesar cada etapa del proceso de producción: inspiración, trabajo de campo y escritura:

 

ANTES. La página en blanco

Olfato. La motivación que genera una crónica suele ser fruto del interés por un lugar. Siempre se inicia por un proceso de intuición; nunca se sabe bien qué va a pasar ni cómo se irá resolviendo.

Enfoque. Hay que reconocer que no somos los primeros de la tribu en llegar a ese territorio. El mérito de una crónica es que haga una diferencia. La buena escritura nunca es redundante, es una mirada nueva la que hará verlo como un tema nuevo. Un aporte fundamental es pensar cuáles serían los modos de cooperación académico-periodística.

Imaginario. Un buen periodista debe someterse al ejercicio cotidiano de poner en crisis sus certezas; pensar las herencias que lo habitan, que lleva tatuadas en la piel  y marcan su lectura de la realidad. Necesita insumos para ver sobre qué hielo tan resbaloso se está moviendo, ver que siempre hay una implicación política. Desafiar los imaginarios crea tensión y provoca al lector.

 

DURANTE. El trabajo de campo

Estar ahí. Hay que meterse, ensuciarse, entrar al terreno. Recordar que cuando cuentas una historia estás contando muchas historias que comparten el mismo destino. Hay que articular lo local con lo global, jugar con estos elementos sin que sean evidentes en el reportaje.

Rapport. Es fundamental desarrollar la empatía. Con gestos de aproximación ganamos buenas respuestas. También hay casos de entrevistados que de ningún modo se abren; entonces valen las estrategias oblicuas para llegar a la información, que consisten, por ejemplo, en ponerlos a hablar de otras cosas, de todo menos lo que nos interesa. Y después volver a empezar.

Testimonios. Hay muchas maneras de contar la historia de vida de las personas. Si somos honestos, trabajaremos con el sujeto y no sobre él. En la academia, una manera de abordarlas es inscribiendo a la persona en diferentes mapas, relacionadas con los derechos humanos, con la pobreza, con lo que dice su cuerpo. Y si hay algo que te cuentan en lo que no confías demasiado, puedes transmitir esta incertidumbre, luego, en tu texto. En una narrativa bien armada los elementos de contraste están implícitos. No estás haciendo una pieza informativa, un reporte riguroso donde te ves obligado a probar que es así.

Fuentes. ¡Precaución! Debemos encontrar el punto medio entre citarlas como autoridad incuestionable y usarlas para decir lo que queremos decir (en lugar de escucharlas).

 

DESPUES. Señales de buena una escritura

Yo, el cronista. En las primeras páginas debemos establecer que alguien está contando. El lector debe sentir la presencia de esa voz, saber que hay una autoridad, tener confianza en ti. La crónica es el género de la primera persona. Siempre alguien va, siempre alguien mira. Eres el sirviente de la historia. Depende de cómo la uses: hablas sólo cuando es necesario, nunca para llamar la atención. La mejor manera de aprender a usarla es leyendo a los grandes cronistas.

Localismos. Hay que afinar la escucha para mostrar a los personajes a través de su forma de expresión; recuperar el habla popular es clave. Si no, puede resultar inverosímil. A la hora de volcarlo al texto, la sugerencia es dejar la expresión local y luego explicarla con un poco de ironía, de forma ligera.

Imágenes. Una crónica bien escrita –citando a Conrad- usa palabras que permiten ver. Porque es a través del ojo que piensas, cuando sientes que la realidad entra. Para lograrlo tiene que notarse que estuviste ahí, hay que mostrar las imágenes suficientes, no sólo flashes. Hay que mostrarlas, no explicarlas.

Autoedición. La misma pista que ayuda a analizar cualquier texto periodístico puede ser aplicada en el propio. Consiste en repasar la ubicación de los actores, con qué adjetivos e imputaciones están presentados; el uso de las voces expertas; el lugar de los imaginarios.

El desafío. En esta época hay una reacción a la noticia fragmentada. El periodismo en el que más confiamos es el de los reportajes largos. Por eso el periodista tiene que hacer el esfuerzo, probar lo que dice, establecer su autoridad. Si al lector algo se le mueve, ya estás del otro lado. El desafío es devolver insumos para que la sociedad se pueda pensar a sí misma. Hacerlo de forma bella es la manera más eficiente de provocar reacciones y respuestas. Nuestros reportajes no van a hacer la revolución, darán más argumentos, y serán parte de un banco colectivo de información que convertirá la realidad en algo indiscutible.

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El taller anfibio 'Adentro, al borde o afuera: Crónicas de la diversidad juvenil en América Latina' fue organizado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano -FNPI- y la Universidad Nacional de San Martín –UNSAM-.

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